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La razón ordena que me aleje y me olvide ya de ese castillo que he construido sobre pilares de aire. Lo intenté, quise escapar de un probable fracaso antes de ver cualquier síntoma. Me dije a mi misma y a los demás que se había terminado, no quería arriesgar. Después entendí que tuve un episodio de pánico regido, principalmente, por caprichos hormonales. Para ganar es necesario apostar y, si pierdo, al menos lo habré intentado. No está en mi naturaleza el concebir una derrota antes de siquiera empezar la batalla.Lo dije porque así lo pensaba y en su momento me negué a regresar. Aseguré a toda persona con quien hablé al respecto que saldría adelante y me olvidaría del asunto. Dije que no te quería en mi vida y que ya vendrían tiempos mejores.Te negué ante el mundo de la misma forma que Galileo Galilei abjuró su teoría heliocéntrica frente al tribunal de la Inquisición, a pesar de creer en ella con todo su ser. No obstante, al igual que él, mientras me alejaba de ti y renegaba de mis sentimientos murmuraba: E pur si muove.
Cuando se trata de escoger entre dos males se opta por el menor. No es una decisión fácil, le he dado vueltas durante cuatro días. Debo elegir entre vivir el "hoy" al máximo sin importar futuras tristezas o, como en el poker, retirarme a tiempo antes de que las pérdidas sean incalculables.De cualquier forma duele, pero si le preguntaran al enfermo si considera que perder un dedo es menos malo que la amputación de todo el brazo ni siquiera lo dudaría. En el sentido más práctico, de eso se tratan las relaciones personales, traen consigo muchas cosas buenas pero tarde o temprano acabaremos sufriendo en mayor o menor medida.No hubo cartas marcadas, siempre supimos quién era quién. El arte de un buen jugador está en saber retirarse a tiempo. Me duele, ya te extraño, haces falta; pero prefiero perder sólo un dedo.
Terminó el partido (malísimo, por cierto) del América. Por morbosa, no pude evitar ver el principio de Nuestra Belleza 2009. Describir los 10 primeros minutos como "vomitivos" sería un eufemismo. 34 niñas cantando y bailando canciones con letras estúpidas, al más puro estilo de aquellas de Garibaldi en los noventa, revoloteaban en el escenario. ¿Es que de verdad no se cansan de denigrarse?Conduciendo, el perpetuo Ernesto Laguardia junto con otros tres televisos que con trabajo articulan una oración completa sin equivocarse. ¿Es tan difícil leer el teleprompter? No pienso ver más, sólo se me ocurre hacer una nota mental para nunca olvidar que estoy mejor sin televisón nacional (excluyendo los canales 11 y 22). Pena ajena, es increíble...
Soledad. En ocasiones mi aliada, pero también mi yugo, un estigma. De todas las relaciones que he hecho en esta vida, sin lugar a dudas, la que tengo conmigo es la más importante. Tristemente, también es la que más he descuidado. Se me ha olvidado (o no he querido) fortalecer esa conexión y, durante mucho tiempo, me he aferrado a otros como si fuesen una tabla de salvación tras el naufragio. Después, lo inevitable. La gente va y viene, las ciudades cambian, los ciclos terminan y yo me quedo en medio de la nada sin aceptar que para estar bien con alguien más es preciso reconciliarme con mi persona. Y así me mantengo suspendida, como saltando de un árbol a otro, sin soltar una rama hasta alcanzar la siguiente.
Pareciera que he desperdiciado mucho tiempo y esfuerzo construyendo murallas en lugar de puentes porque al final sólo hay soledad, no importa quiénes y cuántos estén a mi alrededor. Por ello, es imperativo restaurar los lazos que me unían a mi misma antes de seguir con la obstinación de relacionarme con otras personas.Quiero volver a disfrutar de la soledad para encontrarme, después de un considerable periodo, en buena compañía conmigo misma.
¡Hoy nada me importa! Al menos eso pensé cuando abrí los ojos, muy cansada por el ritmo de vida (fundamentalmente nocturno) que me he impuesto últimamente. Decidí dejar el mundo por un día. Hoy no me subí, punto. No me interesaron las manifestaciones, las pláticas (triviales o profundas), la inseguridad de la Ciudad de México ni la intensa lluvia que Tláloc tuvo a bien enviar. Hoy preferí adentrarme en mi propio ser, en mi existencia. Hubo de todo: sol, lluvia, congestionamiento de ideas y, sobre todo, un cúmulo de fantasías quiméricas, de esas que te hacen meditar y que dejan al descubierto los más profundos secretos del inconsciente. Intrincados callejones, laberintos mentales, una autopista de información (mucha veces inútil), recuerdos encerrados en cajones empolvados. Deseos que rayan en lo imposible, esa terca y constante atracción por lo prohibido, y al fondo, sólo obscuridad. Frente al yo imaginario que recorría estos senderos se encontraba el lado más infame (no siempre reprimido) de mi persona. Me parece que es mejor lidiar con el tráfico, las inundaciones y la, a veces insoportable, superficialidad de las personas que nadar en las aguas negras de mi mente y despertar el lado más vil que existe dentro de mi. No, mi cabeza no se asemeja a un país desarrollado, más bien es un desastre que de alguna extraña y maravillosa manera se las ha arreglado para salir adelante, pero no por ello deja de ser un CAOS.
Hoy he sido arrollada por una avalancha de ellos. Gratos, locos, dolorosos, graciosos, extraordinarios, obscuros, felices, lejanos, extraños e irrepetibles momentos. Las personas, los lugares y las circunstancias cambian, pero los recuerdos son permanentes, están suspendidos en una dimensión atemporal como una prueba fehaciente de nuestro paso por este mundo.
Esta vez me han tomado por sorpresa, llegaron sin previo aviso. Por un momento me abstraje del aquí y del ahora para recolocarme en otro tiempo y otro espacio. Yo no los he buscado, me han encontrado.La memoria es caprichosa, cuando pretendemos recordar pareciera que se esconde y cuando queremos hacerla a un lado, vuelve terca a aparecer.
Elecciones., un tema tan recurrente como inevitable. A tan sólo 19 años de la creación del otrora confiable Instituto Federal Electoral, nos encontramos ante un panorama poco alentador que deja ver las fisuras (que son bastantes) del sistema partidista mexicano.Lo cierto es que hemos caído en diversos baches que alteran la perspectiva (para algunos convenientemente) y desvían la atención de los comicios. Tenemos en primer lugar la crisis económica, consecuencia de una profunda recesión mundial encabezada por Estados Unidos, pero reflejo también de las medidas tomadas por el Gobierno que en un principio la catalogó como una simple "gripe".En segundo lugar se encuentra la profunda crisis social por la que atraviesa el país. Inseguridad, desempleo y pobreza han debilitado la estructura que sostiene (o debería de sostener) a la población en sano equilibrio. Si a esto le agregamos el episodio de pandemia por influenza humana (muy mal manejado por los medios de comunicación, que lo único que lograron fue crear pánico y una casi fatal baja en el sector turístico), tenemos como resultado una hecatombe que en otros tiempos quizá hubiera derivado en una revolución. Lamentablemente, pareciera que hoy nos es más sencillo callar y, como se dice coloquialmente, "aguantar vara".Por si fuera poco, a las dos anteriores le agregamos la terrible crisis institucional; me parece que quizá es la más peligrosa cuando se habla de una nación. Uno puede prescindir de artículos que no sean de primera necesidad, también se puede manifestar o puede exigir a quien esté en el poder que tome medidas para que la calidad de vida mejore. Pero, ¿qué pasa cuando la gente ya no cree en sus gobernantes y legisladores? ¿Cómo se exige a una bola de burócratas que hagan bien su trabajo cuando todos son virus de la misma cepa? ¿Qué se hace cuando el máximo órgano en materia electoral se ha convertido en la casa de la risa?Tristemente, es el caso de México. El sistema partidista no ha hecho más que enriquecer a los militantes y candidatos que demagógicamente buscan convencer a un electorado cada vez más harto. Campañas basadas en descalificaciones, candidatos que fluctúan entre partidos según les convenga, pleitos internos, falta de propuestas, poca o nula seriedad y el enriquecimiento obsceno que consiguen los partidos con los impuestos que paga el ciudadano de a pie, son el pan de cada día.Ni PRI, ni PAN, ni PRD (evito hablar de los menores porque, me parece, son simplemente negocios familiares). ¿Dónde quedaron los ideales, la convicción de seguir una corriente política contra viento y marea? ¿Dónde está la derecha que defiende la economía y atrae la inversión? ¿Qué pasó con los ideales revolucionarios (que tanta falta hacen) del PRI? ¿Por qué México no ha logrado una izquierda inteligente que proponga y realice en lugar de descalificar y alborotar?Hoy, más que nunca, México necesita líderes que estén dispuestos a luchar por una causa noble, no sólo a enriquecerse o a perder la cabeza con el poder. Sé que la política no es perfecta, pero creo en la Democracia. El sistema actual no sirve, sé que una preocupante cantidad de electores están pensando en anular su voto. Creo que es importantísimo hacer una reforma electoral, pero una bien hecha.El tema de anular o no el sufragio es muy personal. Para mi, ninguna de las "propuestas" de los diferentes partidos merece mi voto, y ya me he cansado de elegir "al menos malo". No, ¡basta! Me fastidia ver el fuerte contraste entre los ideales de la Democracia y la realidad, entre sus enormes posibilidades y sus paupérrimos logros, al menos en este país.El abstencionismo y/o voto nulo, pensamos, es el último recurso para una sociedad que está cansada de decirle a sus gobernantes que trabajen, porque para eso les pagamos. Pero no sé si esta medida sea del todo fructífera, pues al final, los candidatos serán electos por mayoría, no importa si ésta corresponde al 10% del electorado (de ahí la urgencia de una modificación a la Ley Electoral para que sólo obteniendo el 50% más uno puedan acceder al cargo, al menos en comicios presidenciales).Entonces, ¿votar o anular? Ojalá supiera, es una encrucijada; lo que sí creo es que lo peor que puede hacer una sociedad inconforme es callarse. En una democracia es el pueblo quien debe gobernar y para ello debe hacerse escuchar.Hago un llamamiento para que la decisión que tomen este 5 de julio, sea cual fuere, provenga del estudio de las propuestas de sus candidatos (el votante debe de ser activo también). Que el sufragio que emitan o anulen durante la próxima jornada electoral emane de la reflexión.Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción.