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lunes, 3 de mayo de 2010

Autosabotaje


Muchos de nosotros tenemos una etapa en la que tendemos al autosabotaje. ¿Qué fuerza es la que nos orilla a ponernos obstáculos a nosotros mismos en el camino? ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo salir del atolladero una vez que nos damos cuenta del boicot?

A todos nos ha ocurrido al menos una vez; encontramos un cierto placer masoquista en impedirnos ser completamente felices. Cuando todo va bien nos decimos que es demasiado bueno para ser real. Cuando llevamos una mala racha y al fin empieza a verse un destello de luz pareciera que damos un paso hacia atrás, aplicando el más vale malo por conocido que bueno por conocer.


La impotencia se agudiza cuando quien se sabotea es alguien cercano a nosotros, alguien a quien queremos mucho. Es una especie de safari en el que uno presencia el momento en el que el depredador está devorando viva a la presa y no puede hacer nada para evitarlo.

El truco está en engañar a ese impulso autodestructivo. No es fácil, pero darse cuenta de la situación es llevar recorrido la mitad del camino.


¡Basta de autoboicotearse! Ya fue suficiente, de aquí sólo hacia adelante. Aquí estoy, esperando que mejore la situación, pero si empeora, aquí seguiré para ti.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Statu quo

Cómo olvidar el 2006, quizá uno de los mejores años de mi vida. Todo era maravilloso, aquel periodo trajo muchos cambios a mi vida y me hizo madurar.

Vivía en Madrid rodeada de amigos con los que pasaba muchísimas horas de farra. Ese año terminé la maestría, hice un diplomado, fui coautora de un libro y me mudé. Esa mudanza... se supone que sería por unas semanas pero acabé viviendo allí un año; una de las etapas más gratas de mi vida. Aprendí muchísimo, me quisieron y quise profundamente. Trabajé en una especie de think tank dedicado a asuntos internacionales que se enfocaba especialmente en el fortalecimiento de las democracias. En diciembre viajé a México y pasé las fiestas con mi familia, a la cual no veía hacía un año. Fue en ese momento cuando más plena me sentí y me repetía que no tenía más nada que pedir. Era completamente feliz y pensaba que si moría en ese instante la vida no me habría quedado a deber nada.

Todo cambió en 2007, aquel sentimiento se fue y no regresó... hasta hoy.

Una vez más me siento plena. Me gusta mi trabajo, me encanta la grilla a pesar de las mal pasadas que me he dado en la Cámara. Tengo una buena relación conmigo, con mi familia y con mis amigos. Hay alguien que me hace muy feliz y con quien disfruto cada momento, viviendo el "hoy" y pensando menos en el "qué pasará".

Trabajaré duro para mantener el statu quo. : )

lunes, 5 de octubre de 2009

¡E pur si muove!

La razón ordena que me aleje y me olvide ya de ese castillo que he construido sobre pilares de aire. Lo intenté, quise escapar de un probable fracaso antes de ver cualquier síntoma. Me dije a mi misma y a los demás que se había terminado, no quería arriesgar. Después entendí que tuve un episodio de pánico regido, principalmente, por caprichos hormonales. Para ganar es necesario apostar y, si pierdo, al menos lo habré intentado. No está en mi naturaleza el concebir una derrota antes de siquiera empezar la batalla.

Lo dije porque así lo pensaba y en su momento me negué a regresar. Aseguré a toda persona con quien hablé al respecto que saldría adelante y me olvidaría del asunto. Dije que no te quería en mi vida y que ya vendrían tiempos mejores.

Te negué ante el mundo de la misma forma que Galileo Galilei abjuró su teoría heliocéntrica frente al tribunal de la Inquisición, a pesar de creer en ella con todo su ser. No obstante, al igual que él, mientras me alejaba de ti y renegaba de mis sentimientos murmuraba: E pur si muove.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Pérdidas

Cuando se trata de escoger entre dos males se opta por el menor. No es una decisión fácil, le he dado vueltas durante cuatro días. Debo elegir entre vivir el "hoy" al máximo sin importar futuras tristezas o, como en el poker, retirarme a tiempo antes de que las pérdidas sean incalculables.

De cualquier forma duele, pero si le preguntaran al enfermo si considera que perder un dedo es menos malo que la amputación de todo el brazo ni siquiera lo dudaría. En el sentido más práctico, de eso se tratan las relaciones personales, traen consigo muchas cosas buenas pero tarde o temprano acabaremos sufriendo en mayor o menor medida.

No hubo cartas marcadas, siempre supimos quién era quién. El arte de un buen jugador está en saber retirarse a tiempo. Me duele, ya te extraño, haces falta; pero prefiero perder sólo un dedo.

lunes, 16 de febrero de 2009

¿Existe Cupido?


Febrero. Un mes que para algunos es sinónimo de amor meloso, amistad puberta y demás cursilerías. La simple razón de tener a alguien especial con quien pasar una fecha tan importante como el "Día de San Valentín" los hace creer que esta vez sí va en serio.

Para mi, febrero es un mes como cualquier otro, si acaso, se distingue por ser más corto, porque se pasa como agua y por la insufrible mercadotecnia de la que muchos siguen siendo presa cada año. El sábado fui al bazar de San Jacinto, desafortunadamente no fui la única a la que le ocurrió semejante idea. Me abrí paso como pude, compré lo que fui a buscar y caminé de regreso para zafarme del paisaje cubierto de corazones rojos, globos y flores que, según ellos, iban de acuerdo a la ocasión. El colmo fue que de repente se me acercó un corazón ambulante (sí un tipo disfrazado de corazón) para ver si los podía ayudar con una toma para TV Azteca en donde me regalaban una rosa y yo era feliz.

Murmuré que estaba esperando mi coche y que me sería imposible. Por educada, no pude gritar Fuck Valentine's Day! en cadena nacional, aunque me hubiera gustado. No es que no crea en el amor, más bien no me trago eso de happily ever after. Mi visión es una más apegada a la realidad, no un cuento de hadas que deviene en pesadilla dantesca.

Así es que me pregunto ¿realmente existe cupido? Si es así, hace tiempo que se la acabaron las flechas porque cada vez somos menos las personas que creemos en un amor desenfrenado (como el que buscábamos o teníamos a los 18), en el estar perdidamente enamorados (idiotizados) y en la codependencia. El de hoy es otro tipo de amor, uno que comparte, que es libre, que sabe estar sin ser encimoso, el que dura sin necesidad de cadenas, nombres y contratos.

O Cupido está muy ocupado en otro sector del planeta o de plano yo soy inmune a sus flechazos.